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Seis siglos después de su muerte, sus profecías siguen objeto de polémica. ¿Pudo Nostradamus predecir la Revolución Francesa, el holocausto nazi y el 11-S? Érase una vez un niño al que Dios otorgó el don privilegiado de adivinar el futuro. Así podría empezar este reportaje de MundoMisterio sobre Nostradamus, pero mucho me temo que no sería fiel a la verdad.

Michel de Notredame nació el 24 de diciembre de 1503 en Saint-Rémy de Provenza (Francia). Cuando Michel tenía 9 años, su familia se convirtió al catolicismo. De su abuelo materno heredó el interés por las matemáticas, las ciencias y la astrología. Su “don” consistió en pertenecer a una acaudalada familia de origen judío, gracias a la cual pudo estudiar medicina en la prestigiosa Universidad de Montepellier. Mientras estudiaba en la universidad, la peste bubónica se cruzó en su camino. En los años siguientes, Nostradamus se dedicó en cuerpo y alma al cuidado de los enfermos en Narbona, Tolosa y Burdeos. A los veintidós años, Michel consiguió graduarse como médico y tomó su nombre latino: Nostradamus.

Hacia 1520 conoció en Agen al que sería su mentor, un erudito llamado Julio César Escaligero. Fue en ese período cuando contrajo matrimonio por primera vez con una mujer cuyo nombre se desconoce y con la que concibió un hijo y una hija. Parece que el interés de Nostradamus por la astrología motivó la ruptura entre los dos amigos, ya que Escaligero despreciaba dicha “pseudociencia”. Hacia 1537, un nuevo brote de peste le arrebató a su esposa y sus hijos. Por miedo a la Inquisición, Nostradamus tuvo que refugiarse en Italia durante seis años. A su vuelta a Marsella, en 1554, combatió una epidemia de gripe que arrasó la ciudad. Se trasladó a Salon de Provenza, donde se casó por segunda vez con una viuda rica llamada Anna Ponce Gemelle, con la que tuvo tres hijos y tres hijas.

En 1555 se publica la primera edición de sus famosas “Prophéties” (”Profecías”), escritas en verso y en forma de cuartetas. La obra causó una auténtica conmoción en la sociedad de la época. Rechazado por sus compañeros de profesión y acosado por los estamentos eclesiásticos, Nostradamus encontró su salvación en la corte francesa. Catalina de Médicis, reina de Francia, le mandó llamar para interrogarle acerca del contenido de la Centuria I, cuarteta 35: “El joven león vencerá al viejo en el campo de batalla en combate singular. En jaula de oro le quebrará los ojos, dos flotas una, después de morir, muerte cruel”. Supuestamente, la profecía se refería a su esposo, Enrique II de Francia. Doña Catalina quedó muy impresionada por los poderes adivinatorios de Nostradamus y se convirtió en una de sus más fervientes admiradoras.

En 1559, un desgraciado accidente acabó con la vida de Enrique II de Francia. Juzguen ustedes si en el “campo de batalla” y “en combate singular”. La corte francesa celebraba por todo lo alto el enlace real entre Isabel, hija de Enrique II, y Felipe II de España. El 1 de julio, el rey intervino en una justa que le enfrentó a Gabriel de Lorges, conde de Montgomery. En una de las embestidas, la lanza de Montgomery atravesó el yelmo del rey y se le incrustó en el cráneo pocos centímetros por encima de su ojo derecho. Durante diez días, Enrique II luchó contra la muerte, atendido por los mejores médicos y cirujanos llegados de todas las partes del mundo. Finalmente, el rey de Francia murió el 10 de julio de 1559, a los cuarenta años de edad.

El hecho de que las Cuartetas de Nostradamus estuvieran escritas en un lenguaje oscuro y ambiguo, plagado de juegos de palabras y vocablos de otras lenguas, se interpretó en principio como una maniobra del sabio para evadir la férrea Inquisición, aunque otros autores lo consideran una estratagema para no comprometerse demasiado en sus predicciones. El escritor español César Vidal recoge en su libro “Nuevos enigmas históricos al descubierto: de Nostradamus a Saddam Hussein” (Planeta, 2006) varios ejemplos de la astucia del supuesto vidente. En 1562, el obispo de Orange recurrió a él para recuperar unos objetos que habían sido robados de la catedral. Ni corto ni perezoso, Nostradamus respondió a su petición en los siguientes términos: “Señores, no tengáis miedo de ningún tipo, porque dentro de poco todo será hallado, y en caso de no ser así, tened la seguridad de que se acerca un desdichado destino” (para los ladrones).

Aún hoy, Nostradamus es un personaje enigmático al que rodean múltiples leyendas. Una de ellas cuenta que, una tarde, el médico y astrólogo paseaba por una ciudad italiana cuando en su camino se cruzó un humilde monje. Nostradamus se arrodilló ante él y cuando el religioso le pidió explicaciones, él le respondió: “cómo no hacerlo, si usted emana santidad”. Ese monje se llamaba Felice Peretti, y años después se convirtió en el Papa Sixtus V. En el siglo XVII se creía que el poder de Nostradamus procedía de un pacto con el diablo.

La obra del médico francés sigue siendo una fuente inagotable de supuestas profecías. “Cinco y cuarenta grados el cielo quemará, fuego se acerca a la gran ciudad nueva: en un instante una gran llama dispersa saltará, cuando se querrá hacer prueba de los Normandos” reza la Centuria VI, cuarteta 97. Con estas líneas, varios autores pretenden demostrar que Nostradamus predijo los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001 en Estados Unidos. Según ellos, “cinco y cuarenta” define la latitud de Nueva York, “cinco” también podría referirse al número de terroristas que secuestraron los aviones, y “los Normandos” puede aplicarse a los ciudadanos de Norteamérica, Inglaterra o Francia. Otros acontecimientos que se atribuyen al poder profético de Nostradamus son el nazismo alemán, la Revolución Francesa, la Primera Guerra Mundial, la muerte del papa Juan Pablo I, el devastador tsunami de 2004… Y así, una lista interminable de hechos históricos que no deja de aumentar año tras año.
Por otro lado, el abogado colombiano Gonzalo Echeverri Uruburu advierte en su libro “Nostradamus y la Guerra Islam-Occidente” (2005) que Benedicto XVI será asesinado en Italia. Su muerte provocará la escisión de la Iglesia en dos facciones, cada una de ellas dirigidas por un pontífice distinto. Después, los musulmanes invadirán Europa. “Antes de la batalla, el Grande caerá. El Grande ha muerto de una manera muy repentina y sentida. En la nave imperfecta, la mayor parte nadará junto al río. La tierra se teñirá de sangre”. Echevarri asegura que “El Grande” es el sucesor de Juan Pablo II y la “nave imperfecta” es la Iglesia.

Con el paso de los años, la artritis y la gota minaron la salud del médico y astrólogo. Pese a su evidente decrepitud, Nostradamus siguió disfrutando del favor real, y en 1564 Carlos IX le nombró consejero y médico personal. Dicen las malas lenguas que uno de los hijos del vidente se sintió inclinado por las artes mágicas de su padre, pero su destino no pudo ser más distinto: Nostradamus “el Joven” fue ajusticiado por intentar prender fuego a una ciudad para hacer cumplir una de sus profecías.

Nostradamus murió el 2 de julio de 1566. Sus seguidores dicen que fue capaz de predecir el día y la hora exacta de su muerte. Michel de Notredame fue enterrado en la Iglesia de Cordeliers, en Salon, aunque en 1791 sus restos se trasladaron a la Iglesia de Sant Laurent. En su lápida puede leerse la siguiente inscripción: “Aquí descansan los restos mortales del ilustrísimo Michel Nostradamus, el único hombre digno, a juicio de todos los mortales, de escribir con pluma casi divina, bajo la influencia de los astros, el futuro del mundo”.

Nostradamus: genio y figura hasta la sepultura.