José Carlos Botto Cayo
Tengo las palabras del alma,
sonidos invisibles formándose,
naciendo desde el centro del corazón,
en los instantes más hondos del silencio.
Coloco la mente en ti,
mirando, sintiendo, creando,
como si un halo de tinta oscura
se desprendiera de la mirada misma.
Entonces las palabras se reconocen,
letras que han habitado los afectos,
en espacios tan leves y dulces
como los brillos quietos del verano.
Y se elevan, casi sin nombre,
como una respiración que despierta,
como un eco que regresa al origen
desde la profundidad de lo callado…
Hasta ser aquello que nunca dijimos.

