Víctor Parkas

Mucho antes de que las películas apellidadas “movie” reinaran durante la década anterior -con nombres de pila que iban del Scary, al Epic, pasando por el Superhero-, el llamado género spoof, basado, a grandes rasgos, en el humor metareferencial y la comedia del absurdo, dio a luz sus piedras angulares ya en los años ochenta: la fundacional Aterriza como puedas, que además nos mostró un nuevo y a partir de entonces incurable registro para el actor Leslie Nielsen, instauró una nueva forma de hacernos reír que terminaría por afianzarse con Agárralo como puedas y sus respectivas secuelas. Entre ambos títulos, sus autores (David Zucker, Jim Abrahams, Jerry Zucker, más conocidos como ZAZ) rodarían una obra menos reverenciada -seguramente por la ausencia de Nielsen en su reparto-, pero no por ello menos encomiable: la asombrosa Top Secret!

Concebida como una sátira del cine de espías, Top Secret! y su árbol genealógico resultan fascinantes de la raíz a la copa: por un lado, Abrahams y los Zucker dieron el completo protagonismo de la cinta a un sosias de Elvis Presley interpretado por Val Kilmer (más tarde, Tony Scott le daría realmente el papel del rey del rock en Amor a Quemarropa) para, no contentos con aunar en una misma película humor y contraseñas secretas, poder además incluir pasajes musicales que se pudieran codear con los del cine de Mel Brooks, antecedente directo de las spoof movies con películas como El jovencito Frankenstein o Sillas de montar calientes.

Por otra parte, su sombra no sólo se cierne sobre los títulos terminados en movie que mencionábamos más arriba, sino que podemos encontrar puestas en escena humorísticas calcadas dentro de clásicos recientes en su misma sintonía (Austin Powers: La espía que me achuchó fusila la idea de colocar primeros términos de forma fálica tapando segundos términos de fondo fálico; Jay y Bob el Silencioso contraatacan recupera el recurso de los personajes mirando a cámara para cuestionar la calidad de la propia película) o en una completamente distinta (su escena de créditos iniciales parece la semilla que más tarde plantarían los chicos de Troma para hacer crecer Los Surfistas Nazis deben morir).

En el primer párrafo, el diagnóstico que hacíamos de Leslie Nielsen al pasar por el filtro ZAZ era el de una enfermedad crónica. Si queréis notar un síntoma preocupante, podéis revisar la película de ciencia ficción Planeta Prohibido (cronológicamente situada dentro de su etapa pre-spoof) intentando no carcajear cada vez que aparece en pantalla el actor de Espía como puedas. Volviendo al párrafo que nos ocupa, es conveniente trazar líneas paralelas entre el cuadro clínico de Nielsen y el del protagonista de Top Secret! Val Kilmer, separadas, eso sí, por una diferencia clave: la trayectoria que tomó la carrera de Nielsen respondía, con más o menos resignación, a su voluntad de involucrarse en proyectos abiertamente humorísticos; la de Val Kilmer –memes aparte- ha desembocado en una ficha de IMDb repleta de títulos adscritos al humor involuntario. Si la intención que Top Secret! pactó con su público no era otra que desencajar mandíbulas mediante risotadas, diez años después Batman Forever también se dedicó a desencajar maxilares, pero de puro desconcierto: el oscurantismo de las películas de Burton dio paso a la sensibilidad descacharrante del cartoon, con Val Kilmer haciendo las veces de Batman. De todos los dedos acusadores que se levantaron entonces, no había ninguno que señalase a ZAZ, pero, ¿quién sino ellos fueron los primeros en obligar a compartir pantalla a Val Kilmer y Michael Gough? ¿Qué película sino Top Secret! supuso el primer encuentro fílmico entre los actores que luego darían vida a Bruce Wayne y su mayordomo Alfred? Cuando lo anecdótico se convierte en avanzadilla, en resumen, deja de serlo.

Antes intentábamos censar a los hijos bastardos de Top Secret! para enumerar algunos de los títulos donde su influencia era palpable, pero nos reservamos La Entrevista para exponer ahora otro de los valores del film que analizamos. Si la película de Evan Goldberg, donde Seth Rogen y James Franco ridiculizaban la figura de Kim Jong-un, fue señalada por algunos críticos como un divertimento para un público objetivo eminentemente neoconservador, Top Secret! merece ser considerada como una de las primeras astracanadas fílmicas cuya simpatía por el partido republicano -o, más bien, su aversión por el demócrata- resultaba patente, ya sea de forma explícita (“Mi tío nació en América, pero tuvo suerte: consiguió huir del país durante la presidencia de Jimmy Carter”) o implícita (ese guerrillero francés de ascendencia africana llamado Chocolate Mousse).

El periodista Miqui Otero, en su aportación al libro Una Risa Nueva, intentaba disociar del siguiente modo los primerizos films de ZAZ de sus actuales parámetros ideológicos: “Aunque ahora se definan como republicanos convencidos y hayan facturado vídeos virales para la causa, el tono irreverente de sus primeras películas difícilmente se podría reproducir hoy con tanto gusto”, escribía, antes de citar algunas líneas de Agárralo como puedas 2 y ½ y Aterriza como puedas. ¿Puede, sin embargo, Top Secret! utilizar la misma defensa? Si tenemos en cuenta que, en la película, la RDA germana tiene un sospechoso parecido con la Alemania nazi, el juicio puede ir dándose por perdido; el estreno de An American Carol, última película de David Zucker cuyo fin último es reírse a costa de Michael Moore, no haría más que desestimar cualquier tipo de recurso.

Como toda obra poliédrica, Top Secret! es mucho más divertida leída como lo que realmente es: una alineación de imposibles que sólo puede abordarse por parcelas; una chorrada de ésas que hay que tomarse -quede esto entre nosotros- muy en serio.