Por ÓSCAR HEMBERT MORENO LEYVA

En el año 2006 me creía punkero, revolucionario, y bohemio. Una noche bebía cerveza sentado en la banca de madera del paradero de buses del barrio Sachamate en Jamundí. Un hombre de estatura promedio, calvo, en chanclas, pantaloneta y camisa sin estampados con algunos rotos, se me acercó y miró con recelo mi camisa. Pensé que tendría unos 50 años.

“¿Te gusta The Exploited?”, me dijo. Respondí afirmando con desconfianza. Pasé otro trago y continuó. “Me llamo Roberto Valverde, ¿Conoces Misfits entonces?”. Volví a responderle, afirmando con la cabeza sin entender por qué lo decía. “Soy Robo, el baterista”.

Miré la cerveza, lo miré a él, ahí sentado sin hacer nada, bebía y fumaba, no supe reconocer que Roberto Valverde era Robo, el legendario baterista colombo-americano que militó en las bandas de punk más importantes de los Estados Unidos, Black Flag y The Misfits. En principio no supe creerle, ¿por qué estaría un baterista como él aquí, una leyenda en Jamundí?

En 1955 Don Jorge y Doña Lisbet vivían en el barrio Bretaña de Cali, Colombia, cuando nació su cuarto hijo. Lo bautizaron con el nombre de Julio Roberto Valverde Valencia. Desde chico Roberto buscó trabajos, pero para la década del 70 no veía muchos caminos que lo llevaran a ser profesional. Un día leyendo, el periódico El País, encontró un anuncio de visas. A los 18 decidió que la vida estaba lejos.

Con una pequeña maleta llegó en 1970 a la ciudad de Los Ángeles. A las dos semanas de haberse establecido, consiguió su primer empleo en una empresa de plásticos. Salía a caminar y nadar por las mañanas en la playa, volvía a casa a preparar su almuerzo, veía algo de televisión, luego iba a la fábrica de 4:00pm a 11:00pm.

Osvaldo Cura, un colombiano que vivía desde hacía muchos años en Los Ángeles, se hizo amigo de Roberto y fue su primer maestro de vida. Osvaldo le presentó el sufismo, el vegetarianismo y lo presionó a estudiar inglés por las noches en una escuela gratuita para adultos, la Loyola Marymount University.

Roberto vivió con intensidad aquellos años de cambios sociales y políticos, dejó crecer su cabello, iba todos los días a surfear, andaba descalzo y comenzó a oír rock & roll gracias a otro amigo, el Mincho Osorio. Su primer festival de música, The California Jam, contó con la participación de Deep Purple, Emerson, Lake & Palmer, Black Sabbath, The Eagles y Earth, Wind & Fire en Ontario, California, el 6 de abril de 1974. Ahí abrió una puerta que lo llevo del gozo de la psicodelia y la distorsión, a aspirar a una vida en la música.

Un sábado en la tarde, Roberto fue a comprar un par de baquetas en un almacén de música cerca de su casa en Segunda Beach, y vio un volante en la tienda que decía, “Banda principiante busca baterista principiante”. Con su batería Vista Ludwig Drums Vistalite transparente hizo su primer ensayo en The Church, una pequeña iglesia baptista de la comunidad de la playa Hermosa Beach, ubicada en la 1215 Manhattan Avenue, rebautizada en 1975 por la pareja que compró la iglesia como “Creative Craft Center”. Ahí, los integrantes de una banda poco conocida de hardcore punk llamada Black Flag, le dieron la bienvenida a Roberto como su nuevo baterista.

En 1978 Roberto tuvo su primera actuación con Black Flag en el Polliwog Park Sunday en Hermosa Beach, California. El jefe del Departamento de Parques decidió contratar diferentes bandas para ofrecer un concierto gratuito. En el momento del show, Roberto y otros dos chicos se habían afeitado completamente las cabezas, algo inédito en la escena musical de aquel momento. Black Flag empezó a tocar, la confusión fue tan grande que el público, sin reparo alguno, les arrojaba sandias, latas de cerveza y naranjas. Solo consiguieron interpretar un par de canciones. Habían conmocionado tanto a los asistentes que, al día siguiente, salió la noticia de aquella fatídica presentación, junto con las declaraciones del Departamento de Parques, quien sentenció: Nunca permitiremos que esto suceda de nuevo en Polliwog Park.

Black Flag tuvo su primera gira internacional en Inglaterra a comienzos de la década del 80. Roberto les había advertido a los miembros de la banda, Greg y Chuck Dukowski, que no tenía cómo volver a los Estados Unidos porque su visa de estudiante había expirado hacía mucho tiempo. Igual viajaron, los contratos ya estaban firmados.

Roberto y los muchachos andaban las calles y los bares londineses donde la juventud oía con fuerza bandas con una clara intencionalidad política como The Clash y Sex Pistols.  Black Flag llegó a presentarse en diferentes ciudades junto con The Damned, The Exploited, Rory Gallagher, UFO y Whitesnake. Finalizaron la gira en el festival de Leeds, que aún continúa siendo uno de los más importantes de Inglaterra.

Era hora de volver, Roberto telefoneaba todos los días a la señora Dafna, de Unicorn Records, con el fin de conseguir una visa. Vivió ese mes en un pequeño apartamento con dos amigas de Los Ángeles. Se acababa el dinero. Ya desesperado, acudió a un amigo de la compañía de discos, quien le compró un pasaje a México. Roberto supuso que podía entrar a California con solo el pase de automóvil sin necesidad de visa. Pero, durante el vuelo, una tormenta obligó al avión a desviarse en Houston, Texas. Todos los extranjeros, incluido Roberto, debían entregar el pasaporte y esperar para reembarcar en otro vuelo con destino a México. En ese momento aprovechó para escapar de las autoridades, tomó un taxi rumbo a la casa de sus amigos de la banda MDC. Robo, como lo comenzaron a apodar, se fue a Los Ángeles, era hora de cambiar, decidió retirarse de Black Flag.

A comienzos de los 80 se había ido a Miami a probar suerte luego de dejar la banda. Cuidaba la mansión de una pareja de colombianos, aunque dudaba de la procedencia de su dinero. Pasaron unos meses cuando, una tarde, Greg Ginn lo llamó y le propuso audicionar con una con una banda originaria de New York conocida sólo en la Costa Este. Aceptó y Glenn Danzig le envió la discografía original de The Misfits, junto con un pasaje de avión a Los Ángeles. Robo se embarcó con una pequeña maleta donde llevaba un par de zapatos, una pantaloneta, tres camisas y por supuesto a su lado estaba la nueva batería Slingerland negra.

La primera gira por Estados Unidos que tuvo Misfits fue gracias a los contactos que Robo y Chuck (de Black Flag) les brindaron. Viajaban en una van roja de pueblo en pueblo, dormían en ahí mismo y con el dinero de los conciertos seguían su camino a las otras ciudades. Ahí unieron lazos entre algunos de ellos, pero también tuvieron sus primeras dificultades; la banda sufriría varios altibajos.

Jerry Only, Doyle Wolfgang Von Frankenstein, Franché Coma, Jim Catania y Robo fueron a los tribunales en un juicio contra Glenn por haber vendido toda la discografía a Caroline Records en 1984. Al poco tiempo de haber ganado en la corte, los chicos querían, por iniciativa de Jerry, seguir con el proyecto de la banda. Continuaron, pero no tardó en presentarse otro inconveniente: el uso de la calavera. Jerry descubrió que los derechos del icónico logo de Misfits en realidad le pertenecían a Marvel, por el comic The Crimson Ghost. Robo cuenta que no sabe cómo lo resolvieron, pero a Misfits le permitieron usar de nuevo la calavera, hoy símbolo inconfundible de la banda. La banda volvió a la escena musical a comienzos de los noventa, pero esa vez Robo, que recién se había casado y con un hijo pequeño, decidió no participar.

Una década más tarde Jerry mostró interés de ser el cantante de la banda, y decidió volver a llamar a Robo y a Dez Cadena. En 2006, el grupo tuvo una gira por varios países entre ellos Colombia.

Después de aquella noche en el barrio Sachamate en Jamundí, Robo me había dado la oportunidad de ir al concierto de Misfits del Astro Zombie Tour 2006 en Alterno Bar. La banda celebraba su aniversario número 30 en esta gira. Tocando para más de 300 personas, Jerry Only, Dez Cadena y Robo fueron los anfitriones, junto con las bandas de punk locales El Ultimo Rekurso, Caso Perdido (de Cali) e IRA (Medellín). Finalizando la noche, las calles se llenaron de decenas de fanáticos enloquecidos que coreaban a todo pulmón: “¡Misfits, Misfits, Misfits!”. La policía llegó golpeando a todos a su paso, era su intentó de redada. Menores de edad, drogas y pegante. Golpes al estilo Eskorbuto. Todos corrimos en diferentes direcciones, conseguí escapar con un amigo al que le decíamos Hitler, en un autobús crema y verde que pasaba cerca.

Robo tiene hoy 65 años y decidió alejarse de la banda temporalmente. Practica todos los días la batería, hace calistenia por las mañanas y cuida de su madre que tiene más de 90 años. Amante de la naturaleza, también cuida de sus dos caballos, Heredero y Gasparín, tiene un perro llamado Rocky y un sin número de plantas que adornan su casa esquinera en Jamundí. Amante del lazz, de la música clásica y clásicos del rock, vive aún con aquel estilo libre de sus primeros años. Para Robo, Misfits y Black Flag son las bandas más importantes del movimiento punk de los últimos 40 años y que aún sobreviven en la memoria de jóvenes y adultos que algún día habían pensado en cambiar el mundo.