Por Gonzalo Cordero

Anda, han puesto en Netflix la versión humana de El libro de la selva. Ah que no, que no es la película de Disney de 2016. Esta es de 2018 y se llama Mowgli, la leyenda de la selva, debe ser que solo con ‘libro’ se les quedaba corto. Empieza.

Primera duda: ¿desde cuándo el bebé Mowgli es rescatado por las hienas? Ah que no, que son lobos. Un poco maltratados por la vida, pero lobos. Antes de seguir, como diría Ferreras, periodismo. Bueno, con Wikipedia vale, que se me enfría la pizza.

Resulta que Mowgli, la leyenda de la selva, es un proyecto en el que trabaja Warner Bros desde 2012, en paralelo al que estrenó Disney hace dos años. ¿Coincidencia? No, ahorro: Rudyard Kipling, autor de El libro de la selva, murió hace más de 75 años, con lo que sus textos pueden ser adaptados por quien lo desee sin pagar derechos. Warner apostó fuerte y convenció nada menos que a Alejandro González Iñárritu, ganador de cinco Oscar, para que lo dirigiera. La idea era hacer una versión más adulta, oscura y profunda que el clásico de Disney, apoyados además en el tirón de grandes actores para las voces de los animales.

Pero la preproducción empezó a dar problemas y el cineasta mexicano se desmarcó del proyecto alegando que tenía que centrarse en un tal Birdman, que al parecer no fue mal del todo. Ron Howard sonó como sustituto pero quien finalmente se hizo con las riendas fue el británico Andy Serkis. Sí, tu amigo Gollum. Ya estamos en 2014 y Disney ha tomado una ventaja definitiva para estrenar antes. La producción sufre varios cambios pero al menos se mantienen las voces de las estrellas: el propio Serkis hace de Baloo, Cate Blanchett de Kaa, Christian Bale de Bagheera y Benedict Cumberbatch de Shere Khan.

La película no empieza a rodarse hasta mediados de 2015, cuando Disney ya está finiquitando su aplaudida versión que arrasaría en cines en abril de 2016. La intención de Warner era estrenar a finales de 2016, pero al canteo que era estrenar la misma historia solo unos meses después se unió que la postproducción de la parte animada no era la esperada y había que seguir trabajando. Ya en 2018, después del largo proceso, la compañía decidió que era mejor no jugársela en los cines y negociar con Netflix para que la incluyera en su catálogo de cara a Navidad, como así ha sido.

¿Qué tal es el resultado? Resumiendo, se nota el jaleo de la producción.

La historia es muy potente porque ya lo es el texto original (de ahí su vigencia más de un siglo después), y la lucha entre el lado salvaje y el lado humano funciona en este apasionado Mowgli interpretado por Rohan Chand, un talentoso adolescente de origen indio. Esta versión busca su personalidad en una concepción más oscura y dramática de ese conflicto, lejos de las canciones y el humor de El libro de la selva que todos vimos de pequeños.

La propuesta tiene sentido, pero se topa con un problema constante: el desbarajuste en la concepción visual. Es evidente en la animación de animales: la serpiente Kaa mide trescientos metros y parece sacada de Alicia en el país de las maravillas, mientras que con el oso Baloo se busca un realismo sucio e incomprensible, como si lo hubieran rescatado de un vertedero. Shere Khan tiene un cabezón como de muñeco Funko y los elefantes son seres mitológicos como de una película asiática de autor.

A eso hay que sumar que en algunas escenas parece que estamos en una selva caribeña, al plano siguiente está todo más seco que el desierto de Almería, de repente pasamos a un jardín botánico que huele a plástico… Imposible que no te saque de una historia que, a pesar de todo, es muy entretenida.


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