Mito o no, simple moda, chivo expiatorio o distractor político, quien podría evitar sentir un terror seductor, cuando al caer la tarde en algun rancho de Los Mochis, Sinaloa, su grupo de amigos comparte historias sobre el publicitado depredador hematófago

El sueno de la razon –y también de la sinrazón– produce monstruos. La esfinge, el dragón, el hombre lobo, el monstruo de Loch Ness, el nahual, el monstruo del Lago de Chapala, la rata gigante de La Merced, y el hoy de moda “chupacabras”, son algunos ejemplos del zoologico imaginario que acompaña al ser humano desde que salio de las cavernas.

Son, como diria Jorge Luis Borges, “los extraños entes que ha engendrado, a lo largo del tiempo y del espacio, la fantasía de los hombres”.

Su “existencia”, aseguran los especialistas, salva al ser humano de un horror mayor: el horror cotidiano. O le permite catalizar sus propias proyecciones y hasta encontrar “chivos expiatorios”

–afortunadamente imaginarios– para desahogar sus pulsiones negativas.

“Este tipo de criaturas siempre están presentes en el imaginario colectivo de manera latente”, afirma Pablo Fernández Christlieb, “y es curioso como este imaginario colectivo esta desfasado en relación con la modernidad, la racionalidad y la tecnología”.

Para el psicólogo social, el hombre ha avanzado en estos campos, pero su mentalidad se mantiene en los tiempos medievales.

“La idea del chupacabras es idéntica a la del hombre lobo en la Edad Media”, opina, “la diferencia es que el mito del hombre lobo se extendió durante seis siglos, y el chupacabras durara tres meses”.

¿Por que? Porque la publicidad y su uso político como distractor tienden a frivolizarlo y asi “se lo acaban, se lo comen, se lo chupan”.

“Este monstruo surge en un momento de crisis, de sequías y cuando prevalece una perdida de creencias generalizada, por lo que hay una necesidad de creer en algo, aunque sea una porquería, efímera, como el chupacabras”, explica Fernández Christlieb.

En su opinion, este depredador hematófago viene a sustituir a Raúl Salinas.

El antropólogo Alfredo López Austin concuerda en lo general con la visión del psicólogo social porque, afirma, la época presente ha sufrido el debilitamiento del sentido critico y ante cualquier fenómeno se recurre a una explicación sobrenatural.

“Vivimos un oscurantismo fomentado por el comercio de artículos esotéricos como pulseras, pirámides y crucifijos a los que se les atribuyen poderes sobrenaturales.

“Hay una desesperanza tan grande de solucionar los problemas por las vías normales –que cada vez son mas limitadas–, que nos estamos volviendo una población sumamente crédula desde el punto de vista mas tonto”, comento el especialista en mitos prehispánicos.

Refirio la existencia de ciertas criaturas en la mitología mesoamericana, las mometzcopinque, que podrian tener alguna relación con el chupacabras.

Segun los informantes de Sahagun –y esta creencia aun prevalece en el País–, se trataba de mujeres que chupaban la sangre de los niños.

Dichas mujeres se quitaban las pantorrillas y los pies y se ponían patas de guajolote; con petate se fabricaban unas alas y salian a chupar la sangre de los pequeños.

“Todavia se cuenta como un hecho real”, dice el antropólogo, “que cuando el esposo se da cuenta de que su mujer es mometzcopinque, destruye sus extremidades inferiores con fuego o cal para que no se las pueda volver a poner y muera”.

Chivo Expiatorio Imaginario

Sin embargo, la misteriosa aparición de este monstruo no es del todo negativa.

Socialmente hablando, el chupacabras tiene un aspecto positivo para Solange Alberro: “es un chivo expiatorio –y que mejor que sea irreal, porque asi no hay victima– sobre el cual se catalizan aspectos negativos como la sequía que ha minado el ganado en el norte del Pais, uno de los circulos de accion de este depredador”.

La doctora en Historia e investigadora de El Colegio de México no le augura mucho futuro a la criatura, porque su circulo de acción es muy limitado: chupa la sangre de borregos y cabras, por lo que sus operaciones se limitan a las zonas rurales.

“Los vampiros son mas interesantes: chupan la sangre de los humanos y prefieren a las mujeres hermosas”.

Por ello, en la Ciudad el chupacabras esta adquiriendo una dimensión política: “se parece a Salinas, y en ese aspecto cumple con sus funciones de chivo expiatorio”.

López Austin lamenta el caracter imaginario de este chivo expiatorio, porque “hay veces que deseamos que la justicia se distribuya de manera mas equitativa en este País”.

Sin embargo, estuvo de acuerdo en que se ha convertido en un símbolo de los malos gobernantes y, aunque no es una solución hacer chiste del mal gobierno, al menos permite cierta expresión a la voz, a la voluntad y a la inconformidad populares.

Para Fernández Christlieb el chupacabras es una figura muy benigna y hasta tierna porque cumple una funcion de cohesión de la sociedad.

“La gente esta mas junta y se toma mas fuerte de la mano cuando ocurren situaciones de panico”, explica, “por lo que en torno al chupacabras se crea una especie de sentido de comunidad muy agradecible”.

El Chupacabras Existe, pero Es una Moda

Como escritor, Vicente Quirarte se siente fascinado por la historia del ente al que prefiere llamar “el depredador”, ya que chupacabras es un nombre cacofonico y fácil para el albur, al cual se debe el éxito de su proliferación.

“Me encanta la posibilidad de esta historia porque finalmente nos salva de un horror mayor: el horror cotidiano de la violencia, de esta guerra civil no declarada en que vivimos”, afirma.

Refiere que a la pregunta: “usted cree que existe?, responde: “Claro que existe; nadie nos puede decir que La Llorona no existe porque es un mito que ha persistido y, a todos, por escépticos que seamos, nos ha llegado a inquietar”.

El chupacabras existe en la imaginación como tantos otros seres concebidos con verosimilitud. Tal es el caso de “El Wendigo”, el cuento de Alguernon Blackwood sobre un ser que habitaba en los bosques de Canada y que nunca se describe en el relato.

“A eso me refiero cuando afirmo que existe, a que ya es una criatura –como su favorito Dracula–, bien organizada desde el punto de vista verosímil”.

La fascinación y el horror que despierta, comenta el autor de “Sintaxis del vampiro”, es su carácter hematófago:

“En nuestra cultura hay una ambivalencia de pánico y fascinación ante la sangre desde que un nino se hace una herida, hasta la frase de Dracula ‘la sangre es la vida'”.

En ese sentido, el chupacabras tendría cierta relación con los vampiros que asuelaron la imaginación oscurantista de la Europa Central.

Sin embargo, no es un mito para Lopez Austin, sino que se trata de una moda que se reflejara en canciones, en el folklore y en el lexico popular por un tiempo corto.

“Los mitos se crean no como una moda o simple puntada del momento, sino como un trabajo, a veces milenario, de una cultura, y se refieren a un aspecto de la creacion o ligan este con el presente, y poseen características mucho mas solidas y serias”.

Lo que si es un hecho es que, como reza el grabado de Francisco de Goya, “El sueno de la razón produce monstruos”.


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