¿Que son los evangelios apócrifos?

Algunos abarcan aspectos de la niñez de Jesús. Habla el sacerdote José Luis del Río sobre escritos que ahora tienen importancia mundial

El descubrimiento de un texto que podría cambiar las bases de la iglesia católica, está causando revuelo a nivel mundial.

Se trata del Evangelio de Judas, que después de haber desaparecido por más de mil 700 años, hoy aparece para desmentir que el apóstol haya traicionado a Jesús, asegurando que fue Él quien le encomendó la tarea a Judas de entregarlo a los romanos para la redención del mundo.

Sacerdotes, obispos y cardenales se apresuraron a desmentir que el texto fuera auténtico y lo catalogaron como apócrifo, alegando que se trata de un papiro que fue escrito mucho tiempo después de que Judas se suicidara.

Sin embargo, éste no es el único Evangelio que la Iglesia católica ha descartado como verdadero; de hecho, existen más de 64 escritos, entre fragmentos y obras completas, que también han sido considerados apócrifos.

Pero, ¿qué son los Evangelios apócrifos?, ¿por qué la Iglesia católica los descartó de las Santas Escrituras?, ¿qué se revela en ellos?

El término “apócrifo”, que proviene del griego apócrifos que significa “escondido”, fue adoptado por la iglesia para designar a los libros cuyo autor era desconocido y que desarrollaban temas ambiguos.

En palabras del Presbítero José Luis del Río y Santiago, son textos bíblicos no incluidos dentro del Canon de las Sagradas Escrituras, establecido durante el Concilio del Trento del Siglo 16.

“Son textos que la Iglesia fue depurando desde el origen del cristianismo porque contenían escritos, no solamente no ortodoxos respecto a la vida, palabra y obra de Jesús, sino porque, con discernimiento propio de la Iglesia, se descubre que no fueron divinamente inspirados, así que era necesario hacer la selección de los textos inspirados por Dios de los inventados por los hombres”, explica.

El sacerdote de la parroquia del Ojo de Agua, destaca que los Evangelios Apócrifos fueron escritos después de la Vida de Cristo, del año 65 hasta fines del Siglo 2, aproximadamente.

“El término apócrifo se refería a libros que, aún presentándose con carácter sagrado, no tenían solidez en su doctrina e incluían elementos contradictorios a la verdad revelada, esto hizo que estos libros fueran considerados como “sospechosos” y en general poco recomendables”, apunta.

La tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituirían la lista de los Libros Santos; ésta la lista integral, llamada “Canon” de las Escrituras, comprende, para el Antiguo Testamento, 46 escritos y 27 para el Nuevo, en el que se incluyen los cuatro Evangelios Canónicos (los que sí son aceptados por la Iglesia) de Marco, Mateo, Lucas y Juan.

¿Qué dicen?

Los textos no oficiales manejan una versión diferente a la que hoy conocemos sobre la historia de Jesús: muestran a un Cristo que parte de una familia numerosa que desde la infancia hace milagros, que confunde a sus maestros con su sabiduría y que emplea sus habilidades tanto para hacer el bien como para concretar travesuras.

Respecto a la infancia de Jesús, de la que se tiene información vaga e imprecisa en los evangelios canónicos, los evangelios apócrifos aportan datos, considerados falsos para la Iglesia católica, sobre esta etapa de la vida de Cristo.

En ellos describen a un niño que, como todos, hace travesuras que desembocan en lo terrible, y que también actúa en lo mágico con un gran dejo de malicia.

“Jesús conducía a los niños al borde de un pozo, a donde toda la villa iba a buscar agua, y, tomando de manos de los niños sus cántaros, los entrechocaba o los rompía contra la piedra y los echaba al pozo”, relata el Evangelio Armenio de la Infancia, capítulo 23.

“Los niños no se atrevían a volver a su casa por temor al castigo de sus padres, y Jesús, al verlos llorar les decía ‘no lloréis, porque os devolverán vuestros cántaros’, e inclinándose sobre el pozo, daba órdenes al agua y ésta sacaba los cántaros intactos de su superficie”.

El Evangelio apócrifo de Santo Tomás también dedica mucho espacio a anécdotas de la infancia de Jesús, mostrándolo en semejantes actos milagrosos que en nada ayudaban a la comunidad.

El presbítero Ernesto María Caro, en un texto publicado en evangelizadores.org, señala que el más importante sin lugar a dudas sería el “Proto Evangelio de Santiago”.

“Este escrito es el apócrifo ortodoxo más antiguo que se conserva íntegro y que más ha influido en las narraciones sobre la vida de María y de la infancia de Cristo”, afirma.

Este evangelio apócrifo, dice, pretende ante todo proteger la Virginidad perpetua de María, que se vería amenazada en el Siglo 2 por el ataque de los paganos y de algunas sectas judaicas.

“El escrito propuso historias fantásticas en las cuales se hace ver a la Virgen como una persona que era alimentada por los ángeles, viviendo en una especie de monasterio en donde sus pies no tocaban el suelo al caminar”, escribe.

Sobre Tomás, el padre Ernesto María Caro relata que existen dos escritos, uno llamado “Evangelio del Pseudo Tomás” y otro llamado “Evangelio de Tomás”.

“En el primero podemos ver muchos supuestos milagros realizados por Jesús en su infancia, y de su relación con los fariseos, los cuales no son sino una proyección en retrospectiva de lo que fue su vida pública”, señala.

Por otro lado, presenta una imagen de Jesús rencorosa en la cual, como si fuera un mago, usa sus “poderes” para vengarse u obtener ventajas personales sobre algunas situaciones de la vida; lo pintoresco de los relatos pueden ser un buen aliciente para leerlo, pero en ellos se puede esconder el veneno de la herejía.

En cuanto al Evangelio de Tomás, los especialistas dicen que el documento se refiere a una serie de dichos y parábolas evangélicas que podrían ser consideradas contrarias a la fe; el documento consta de 114 dichos distribuidos de manera arbitraria y sólo unidos por la frase “Jesús dijo”.

Diversas interpretaciones

Según el Sacerdote José Luis del Río, en la actualidad hay mucha gente que disiente de los Evangelios de la Iglesia.

“Estamos viviendo una situación cultural que el Papa Benedicto XVI llama ‘el imperio del relativismo’, en donde la gente cree que todo es cuestionable y no reconoce verdades firmes y definitivas que aunque hayan sido reveladas por Dios, cree que tiene autoridad para rechazarlas”, expresa.

En este sentido, el padre cita una de las cartas de San Pedro en la que dice que hay cosas difíciles de entender, que los indoctos e inconstantes pervierten para su propia condenación.

“Ya San Pedro lo decía, que podía haber un abuso o un mal uso de las Sagradas Escrituras que podían torcer o mal interpretar para su propio daño, por eso dice que ningún texto de la Escritura es de libre examen o interpretación, por eso la Iglesia dice que hay que atenerse a la interpretación oficial”, apunta.

El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, coincide el Presbítero Ernesto María Caro.

Ma. Eugenia Valencia


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