Con características únicas: la guitarra feroz, indómita y desprolija de Page, la voz desgarrada de Plant, las líneas de bajo siempre mediadoras de Jones y el golpe desmesurado de Bonham hicieron una fórmula única en la historia del rock and roll. Seguramente estos cuatro prodigiosos de la música tendrían un volumen superior en la sustancia gris en comparación con cualquier simple mortal.

Las rítmicas que generaron estos músicos lograban una química que hoy ha sido prácticamente imposible de reproducir. Led Zeppelin es un faro que expone claramente de qué se trata el rock and roll; sin embargo, en este artículo no haremos una disertación sobre este género musical, sino que destacaremos el poder de la música en la neurobiología del ser humano.

El disfrutar de una melodía es una de las experiencias más gratificantes que vivimos los seres humanos en todos los tiempos e independientemente de la cultura, no tiene valor biológico, pero activa las mismas áreas cerebrales que algunas sustancias generadoras de placer.

Una de las investigaciones que demostró esta afirmación fue coordinada por el neurocientífico argentino Robert Zatorre del Instituto Neurológico de Montreal, quien solicito a 26 voluntarios que eligieran entre melodías de temas clásicos los que consideraban neutrales y los que consideraban placenterosLuego mientras escuchaban las melodías, sus cerebros eran monitoreados con técnicas de neuroimagen que proporcionaron una evaluación de las distintas regiones activadas del cerebro.

Ante la música elegida como placentera los niveles de dopamina se elevaban notablemente y se correlacionan con el grado de excitación emocional, del mismo modo se observó, como la anticipación de la música también inducia a la liberación de dopamina como sucede con la anticipación al pensar en comida, sexo o alguna actividad que disfrutemos.

Los circuitos cerebrales activados fueron el núcleo accumbens mientras la música era escuchada, (experimentación del placer) y el núcleo caudado cuando se anticipaba que se disfrutaría de la misma (predicción del placer).

Los resultados de este estudio, demuestran que nuestro estado emocional puede ser influenciado por el simple hecho de pensar que vamos a disfrutar con una buena canción hasta llegar a gozar de placer cuando escuchamos nuestras piezas musicales preferidas. De igual forma, nos calma y nos ayuda a recordar.

Zatorre también resalta que el entrenamiento musical cambia la estructura del cerebro. El grosor de las cortezas auditiva y motora, relacionadas con la audición y el movimiento de las manos, respectivamente, está aumentado en quienes practican música habitualmente.

Por otro lado, Pedro Aguirre Ramírez, escritor mexicano describe en otras palabras el impacto de la música sobre el circuito de recompensa cerebral: “Cómo el amor, Beethoven, el vino, la lectura de algún libro trascendente o el primer viaje, nada es igual en la vida después de escuchar a Led Zeppelin. Nada es igual después de dejarse atravesar por el filo de una música que rompe con los esquemas previstos. Nada es igual después de dejarse llevar por una canción que se desarma y, con sus propias aristas, inaugura nuevas conmociones”.

Y así es, nada es igual después de escuchar  “In my Time of Dying”…nada fue igual en mi cerebro después de haber escuchado por primera vez el solo de Page haciendo convulsionar su guitarra en esta pieza musical. Viva Led  Zeppelin, Viva el Rock and Roll y Vivan las Neurociencias.

“In my Time Of Dying”

Led Zeppelin

In my time of dying, want nobody to mourn
All I want for you to do is take my body home

Well, well, well, so I can die easy (X2)

Jesus, gonna make up my dyin’ bed.

Meet me, Jesus, meet me. Meet me in the middle of the air
If my wings should fail me, Lord. Please meet me with another pair

Well, well, well, so I can die easy (X2)

Jesus, gonna make up.. somebody, somebody…

Jesus gonna make up… Jesus gonna make you my dyin’ bed

Oh, Saint Peter, at the gates of heaven… Won’t you let me in

I never did no harm. I never did no wrong

Oh, Gabriel, let me blow your horn. Let me blow your horn

Oh, I never did, did no harm.

I’ve only been this young once. I never thought I’d do anybody no wrong

No, not once.

Oh, I did somebody some good. Somebody some good…

Oh, did somebody some good. I must have did somebody some good…
Oh, I believe I did

I see the smiling faces

I know I must have left some traces

And I see them in the streets

And I see them in the field
And I hear them shouting under my feet
And I know it’s got to be real
Oh, Lord, deliver me
All the wrong I’ve done
You can deliver me, Lord
I only wanted to have some fun.

Hear the angels marchin’, hear the’ marchin’, hear them marchin’,

hear them marchin’, the’ marchin’

Oh my Jesus… (repeat)

Oh, don’t you make it my dyin’, dyin’, dyin’…

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