Una banda como Led Zeppelin sólo puede volver a existir si se revive a través de sus leyendas. Cuando reinaron, eran otros tiempos. Todavía no existían los muñecos plásticos de pop que hoy en día proliferan como mosquitas en un plátano ya maduro. Y no estoy diciendo que la música “era mejor antes”, como muchos nostálgicos románticos que ni siquiera vivieron en esos tiempos aseguran, pero es un hecho que la música, lo efímero, y los recursos eran tan diferentes, que los tiempos de paladeo de un artista eran muy diferentes.

Zeppelin nació en 1968 y se desintegró en 1980. Doce años bastaron para que el chiste de John Bonham de un Zeppelin de plomo (de ahí su nombre, pues “lead” es plomo) se elevara, cruzara los continentes, conquistara a generaciones y aterrizara en nuestros tiempos como una de las bandas con más historia dentro de la música. Porque no hay de otra, si te gusta la música en algún momento tienes que pasar por los Beatles, por los Stones, por Queen, por los Doors, por Nirvana o por Led Zeppelin. Así son los estándares y no hay nada qué hacer.

No obstante, además de tener a Jimmy Page en la pared de tu cuarto si aspiras a ser una décima parte de lo brillante que fue el compositor de “Stairway to Heaven”, puede que sepas que la mitificación de la banda no sólo llegó por sus proezas al momento de la composición o interpretación. Más allá de eso, Zeppelin tiene una neblina de oscurantismo que los cubre con misterio y fascinación. Aquí contaremos un poco del porqué de su velo enigmático.

De 1971 a 1975, Led Zeppelin fue la banda más grande sobre el planeta tierra. Y sus integrantes lo sabían. Su vestimenta se volvió rimbombante, tenían su jet privado apodado the Starship, sus desplantes sobre el escenario se volvieron legendarios y, para aumentar la deificación, las leyendas entorno a sus conductas fuera de escena empezaron a surgir. Por ejemplo, aquella clásica historia en la que John Bonham “Bonzo” pa’ los cuates y baterista de Led Zeppelin, agarró una motocicleta y se puso a recorrer los pasillos del hotel Riot House, o cuando se dice que durante una visita a Tokio, los integrantes de la banda se dedicaron a destruir su cuarto de hotel siendo vetados de por vida del lugar.

Satanismo

Algunos sectores de la prensa crítica no querían a la banda, y decidieron dejar su cuarto álbum sin un título. Así pues, el que sería conocido a la postre como Led Zeppelin IV, presenta los característicos signos o runas que hoy son tan asociados con la banda inglesa. El simbolismo sería un gran aliado de la banda a partir de entonces.

Y justamente es en este álbum, en donde aparece “Stairway to Heaven”, una obra maestra de la música y a la que algunos asocian con el mismísimo chamuco. Sería en 1982, durante un programa de televisión que se diría que la canción, si se toca al reverso, contiene las siguientes líneas:

“Oh, here’s to my sweet Satan.
The one whose little path would make me sad, whose power is Satan.
He’ll give those with him 666.
There was a little tool shed where he made us suffer, sad Satan.”

Ya saben cómo se pone la gente con los mensajes subliminales y demás, así que los de Led Zeppelin fueron acusados de satánicos. Esto, sumado a otras leyendas, como la que viene a continuación, siguieron acrecentando la fama siniestra de la banda.

El incidente del tiburón

El lugar era Seattle, Washington. Esa bonita ciudad en donde años después el grunge despuntaría como el género que las masas deseaban con avidez, pero que en aquellos tiempos, recibía a Zeppelin como los amos y dioses del rock. Stephen Davis, periodista de rock, asegura en el libro biográfico de la banda Hammer of the Gods que en el Edgewater Inn (hoy conocido como Edgewater Hotel), una linda groupie pelirroja fue despojada de sus ropas y atada, para después ser “rellenada” por Bonzo (sí, por la vagina) con piezas de tiburones.

Tiempo después, Richard Cole, el tour manager de la banda diría que Bonzo, aunque estaba en el cuarto, no tuvo nada que ver y que de hecho había sido él el que había hecho el nada pervertido acto, y que, en realidad no había sido un tiburón, sino un huachinango (en inglés red snapper) y que como la chica era pelirroja, y el pez era rojo pues algo había ahí de “juguetón” en el asunto, cita textual de sus palabras: “And she loved it. It was like, “You’d like a bit of fucking, eh? Let’s see how your red snapper likes this red snapper!” “

Aleister Crowley

Pero quizá lo más oscuro relacionado con Zeppelin, sea su relación con Aleister Crowley. Para los que no estén relacionados con el nombre, Crowley es uno de los más reconocidos y seguidos ocultistas de la historia. Autoproclamado profeta, pintor, mago ceremonial, autor de The Book of Law y fundador del postulado conocido como Thelema, Crowley siempre ha estado envuelto en un halo de misterios y fanatismo desbordado.

Justamente uno de sus supuestos seguidores, era Jimmy Page. Por ello, no es de extrañarse que en 1970, Page adquiriera la Boleskine House, a pesar de que estuviera en ruinas y la usó para componer algunas canciones. Pero además de albergar a Aleister Crowley, la casa ya de por sí tenía algunas historias extrañas detrás. Alguna vez fue una iglesia que se quemó hasta sus cimientos con su congregación dentro de ella, o se rumora que un hombre fue decapitado en ella y a veces puedes oír su cabeza rodar por los suelos.

Erróneamente, se dice que en esta casa murió John Bonham, baterista de la banda y algunos lo adjudican a los poderes malignos de la residencia, pero lo cierto es que el legendario músico murió en otra de las propiedades de Page. Aún así, la vinculación de Aleister Crowley y Led Zeppelin es una historia que vivirá para siempre.

Y no sólo esa historia, sino que la magnificencia, la inmortalidad y la fascinación por una banda que supo combinar lo mejor del rock, del blues, del folk y hasta de la psicodelia, seguirá creciendo y regenerándose porque definitivamente, son una de las bandas pilares de la música en general.


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