Hace 38 años, a finales del mes de julio de 1979, Led Zeppelin se subieron al escenario del teatro Falkoner de Copenhague durante dos noches consecutivas para ofrecer sus primeros conciertos en dos años. El local elegido para estos “shows de calentamiento” no era casual, ya que fue en el Falkoner donde Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham actuaron juntos por primera vez en 1968, cuando aún se hacían llamar The New Yardbirds. La elección de tan simbólico marco para su retorno a los escenarios apuntaba claramente al inicio de una nueva era para el grupo, y es que, a pesar de que el tema elegido para abrir ambos conciertos fue “The Song Remains the Same”, pocas cosas seguían siendo iguales desde su última actuación en directo en 1977.

La primera mitad de la década de 1970 había pertenecido a Led Zeppelin. Desde la edición de su primer disco en 1969, la banda había revolucionado la escena musical con su explosivo cóctel de blues, folk, rock and roll festivo y las pinceladas justas de psicodelia que, interpretado con una cadencia pesada y una incontestable maestría instrumental y aderezado con unas letras cargadas a partes iguales de ímpetu sexual y ambiguo misticismo supuso el santo y seña del sonido hard rock setentero. El guitarrista Jimmy Page definió las aspiraciones de la banda como “poder, misterio y el martillo de los dioses”, una filosofía que les aupó a lo más alto, batiendo récords de asistencia en cada gira y aplastando a cualquier competencia en las listas de éxitos, llegando incluso a multiplicar por cinco las cifras de ventas de los Rolling Stones.

Este éxito vino acompañado de una leyenda negra que llenó las páginas de la prensa de historias sobre orgías en aviones, pantagruélicas cantidades de drogas, prácticas sexuales con peces y el hotel Continental Hyatt House de Los Ángeles convertido en escenario de fiestas sin fin que hubieran escandalizado al propio Calígula. Pero ni las acusaciones de satanismo a Jimmy Page ni el insaciable apetito sexual de Robert Plant, los episodios de violencia etílica de John Bonham o los camorristas métodos del mánager Peter Grant supusieron un impedimento para que Led Zeppelin mantuvieran su trono. Sin embargo en 1975, tras casi siete años de frenética actividad en directo y seis álbumes superventas a sus espaldas, las cosas empezaron a tornarse oscuras para la banda más grande del mundo.

John Paul Jones, John Bonham, Jimmy Page y Robert Plant posan frente a su célebre avión, el Starship, en 1973
John Paul Jones, John Bonham, Jimmy Page y Robert Plant posan frente a su célebre avión, el Starship, en 1973

En marzo el grupo había regresado de una exitosa gira norteamericana de dos meses para promocionar su sexto disco, el majestuoso doble Physical Graffitti, y en mayo encabezaron cinco noches consecutivas en el Earl’s Court londinense, sus primeros shows en su país natal desde enero de 1973, que fueron aclamados como algunos de los mejores conciertos de toda su carrera. Pero la situación dio un vuelco en agosto cuando, con los planes para un nuevo tour por Estados Unidos en otoño ya cerrados, el cantante Robert Plant sufrió un accidente de tráfico durante unas vacaciones en la isla de Rodas, Grecia, junto a su mujer Maureen que casi le dejó postrado en una silla de ruedas por el resto de su vida. Años después, el cantante bromeó con la enorme popularidad de la que gozaban Led Zeppelin en aquella época al recordar cómo, tras el accidente, fue trasladado a un hospital local donde, en sus propias palabras: “Estaba ahí tumbado, dolorido e intentando apartar las cucarachas de la camilla cuando de repente el tipo de la cama de al lado, un soldado borracho, empezó a cantar “The Ocean” de Houses of the Holly.

Plant se recuperó pero la gira tuvo que ser cancelada y ya entonces aparecieron las primeras especulaciones en la prensa acerca de una maldición que se cernía sobre la banda debido al conocido interés de Jimmy Page en el ocultismo y el paganismo y a su fijación con la figura del polémico ocultista inglés Aleister Crowley, que había derivado en acusaciones de satanismo contra la banda en varios medios. Ajenos a controversias, los miembros de Led Zeppelin se reunieron en Munich durante el mes de noviembre para registrar su séptimo álbum de estudio, Presence, que a pesar de los impedimentos planteados por la cada vez más preocupante adicción a la heroína de Jimmy Page y el estado físico de Robert Plant, que tuvo que cantar todas sus partes desde su silla de ruedas, se grabó y se mezcló en tan solo dieciocho días. Quizá esto explique la falta de consistencia del disco, que pese a abrirse con uno de los grandes himnos de la banda (la épica “Achilles Last Stand”) suena más plano y apresurado que cualquiera de sus predecesores. Cuando Presence se editó en marzo de 1976, la crítica destacó el bajón creativo de Led Zeppelin, pero esto no impidió que miles de ávidos fans lo auparan hasta el primer puesto de las listas de ventas.

Las secuelas del accidente de Plant impidieron a la banda girar durante todo 1976, tiempo que dedicaron a completar su película, la incomprendida The Song Remains the Same, cuya banda sonora, el doble directo del mismo nombre, consiguió colocar una vez más a Led Zeppelin en lo alto de las listas. Habría que esperar hasta la primavera de 1977 para el retorno a los escenarios de los ingleses, que el 1 de abril dieron inicio a una gira norteamericana de 51 conciertos en el Memorial Auditorium de Dallas.

Jimmy Page en el Pontiac Silverdome, Michigan
Jimmy Page en el Pontiac Silverdome, Michigan

Las inseguridades de Plant, que pese a verse recuperado de sus lesiones no podía danzar por el escenario como antaño, se unieron al cruce de declaraciones en la prensa entre Jimmy Page y el célebre ocultista y director de cine Kenneth Anger, con quien el guitarrista había tenido un desencuentro a raíz de su trabajo para la banda sonora del film de Anger Lucifer Rising, durante el cual el cineasta llegó a asegurar “todo lo que tengo que hacer es levantar mi dedo meñique y Jimmy Page se transformará en un sapo”, tiñeron de polémica las primeras fechas de la gira, pero la banda se mostró en un estado de forma pletórico, como demuestra el mítico pirata Destroyer, registrado el 27 de abril en el Richfield Coliseum de Ohio.

Dos años de inactividad no habían sido suficientes para diezmar la popularidad de Led Zeppelin y la gira despachó más de un millón trescientas mil entradas por adelantado. El 30 de abril la banda batió el récord histórico de asistencia a un concierto en un recinto cerrado en Estados Unidos al congregar a 76.229 almas en el Pontiac Silverdome de Michigan, mientras que varios conciertos acabaron con enfrentamientos entre la policía y gente que pretendía acceder a los recintos sin entradas. Una avalancha de más de mil personas intentando entrar por la fuerza al Riverfront Coliseum de Cincinatti el 19 se saldó con una carga policial y un asistente muerto al caer desde el tercer anfiteatro, mientras que el 3 de junio un concierto en Tampa, Florida, tuvo que suspenderse por la lluvia, ocasionando numerosos disturbios que provocaron más de cuarenta heridos.

Este sentimiento de caos subyacente al éxito también se reflejaba en la banda, que pese a su buena forma sobre las tablas se encontraba en uno de sus peores momentos personales. Tanto Page como John Bonham arrastraban una fuerte adicción a la heroína que empeoraba su ya de por sí errático e imprevisible comportamiento. Peor aún, el temido mánager Peter Grant atravesaba una profunda depresión motivada por su divorcio que le hizo endurecer aún más si cabe su ya de por sí violenta conducta. Para esta gira, Grant había contratado a una serie de matones londinenses de la peor calaña para actuar como seguridad del grupo. El 23 de julio, durante un concierto organizado por Bill Graham en el Oakland Coliseum, el mánager oyó que un empleado de Graham había dado una bofetada a su hijo de once años. En pleno frenesí alcohólico, Grant, Bonham y uno de estos nuevos guardaespaldas, John Bindon, encerraron al empleado en un tráiler y procedieron a destrozarle literalmente la cara, mientras el tour manager Richard Cole, custodiando la puerta, hacía lo propio con un compañero que había acudido a socorrerlo. Cuando Bill Graham llega encuentra las paredes del tráiler salpicadas de sangre y al desafortunado subalterno sin conocimiento en el suelo. Enfurecido y cansado de los problemas que el entorno de Led Zeppelin le causaba cada vez que contrataba a la banda, el promotor amenazó con cancelar el segundo concierto en el Coliseum previsto para el día siguiente, pero acabó cediendo al imaginar los disturbios que podrían ocasionar 50.000 personas indignadas por quedarse sin ver a sus ídolos. Aun así, la policía arrestó a Bonzo, Grant, Bindon y Cole nada más terminar el show del 24.

Los cuatro detenidos fueron puestos en libertad bajo fianza a espera de juicio después de 24 horas (aunque los cargos acabarían siendo retirados unos meses después) para poder asistir al siguiente concierto de la gira, previsto para el 30 de junio en Nueva Orleans. No obstante, el concierto nunca llegó a realizarse. A su llegada a la antigua capital de Luisiana el día 26, aún aturdido por el bochornoso incidente de Oakland, Robert Plant recibió una llamada notificándole que su hijo Karac, de cinco años, había fallecido a causa de un misterioso virus estomacal. Las siete fechas restantes de la gira fueron canceladas.

Robert Plant en el Oakland Coliseum, California
Robert Plant en el Oakland Coliseum, California

La inexplicable muerte del pequeño Karac hundió a Plant en una profunda depresión. A lo largo del año siguiente, el conmocionado cantante abandonó el consumo de drogas y pasó todo su tiempo junto a su familia, llegando incluso a plantearse dejar la música para convertirse en profesor. El arrogante frontman que en una célebre ocasión había clamado ser un “dios dorado” desde lo alto de su terraza en el Hyatt House de Los Ángeles no se veía con fuerzas para volver a pisar un escenario y el futuro de Led Zeppelin parecía cuanto menos incierto, aunque la prensa más amarillista seguía llenando espacio a su costa con titulares de pésimo gusto que, una vez más, aludían a la hipotética maldición que el supuesto satanismo de Page había traído a la banda y que, en esta ocasión, habría sido la causa de la muerte del primogénito de Plant. Además, 1977 había supuesto el año del gran triunfo del punk rock, cuyas cabezas visibles habían convertido a Led Zeppelin en una de sus dianas favoritas, utilizándolos como ejemplo perfecto del exceso, el ensimismamiento y la pretensión que, sostenían, habían supuesto una traición a los principios básicos del rock and roll.

Pese a todo, gracias a la insistencia de su viejo amigo Bonham, Plant aceptó regresar a la banda, que se reunió en noviembre de 1978 en los Polar Studios de Estocolmo, propiedad de los miembros de Abba, para grabar su octavo disco. Para disgusto del cantante, Page y Bonham demostraron seguir inmersos en sus adicciones, con lo que fueron Plant (que años después relató jocosas anécdotas sobre escapadas a clubs de striptease y espectáculos de sexo en directo locales junto a los dos integrantes masculinos de Abba, Björn Ulvaeus y Benny Andersson, a espaldas de las esposas y compañeras de grupo de estos) y especialmente John Paul Jones quienes tomaron las riendas del disco. El resultado, In Through the Out Door, es sin duda el disco más extraño de Led Zeppelin, con las guitarras cediendo su habitual protagonismo a los teclados y sintetizadores y el épico rock duro de antaño sustituido por experimentos con el pop (“Fool in the Rain”), el country (“Hot Dog”) o el AOR (“All My Love”).

La noticia más esperada, sin embargo, llegó en mayo de 1979 cuando se anunció que Led Zeppelin serían los cabezas de cartel del festival de Knebworth el 4 de agosto. La expectación por ver a la banda en directo tras dos años de inactividad e incertidumbre y cuatro desde de su último concierto en Inglaterra se disparó hasta el punto que hubo que confirmar una segunda fecha para el día 11. A modo de calentamiento, se anunciaron dos conciertos en el íntimo (al menos para estándares zeppelianos – tan sólo 4.400 espectadores) teatro Falkoner de Copenhague el 23 y el 24 de mayo.

Los dos shows en la capital danesa mostraron a una banda con hambre y energías renovadas. Led Zeppelin abandonaron algunos de sus tics más excesivos (el clásico solo de batería de Bonham brilló por su ausencia y ningún tema sobrepasaba ya la marca de los diez minutos) y descargaron un repertorio formado por clásicos de todas sus épocas interpretados con la pasión y la entrega de quien encara un nuevo comienzo. Clásicos como “Since I’ve Been Loving You” o “Stairway to Heaven” se alternaron con temas no interpretados desde hacía varios años como “Celebration Day”, “Misty Mountain Hop” (ambos desde 1973) o “The Rain Song” (desde 1975), canciones del inminente nuevo disco (un “Hot Dog” convertido en divertido singalong y un “In the Evening” que desataba todo su potencial al dar más protagonismo a Page en directo) y nuevos y más concisos arreglos de estándares de su repertorio como “No Quarter” y “Whole Lotta Love”. Incluso el abatido Plant se mostró bastante comunicativo, bromeando con un miembro del público que pidió un “D’yer Mak’er” mal pronunciado, a lo que el cantante contestó “nunca he oído hablar de ella”. Pese a despedir la primera noche con un comedido “it was ok, goodnight”, los conciertos del Falkoner devolvieron a Plant la confianza que necesitaba para sobreponerse al dolor y seguir adelante con su rol como frontman de la banda más grande del mundo.

Peter Grant, Robert Plant y John Paul Jones en Knebworth
Peter Grant, Robert Plant y John Paul Jones en Knebworth

Pese al visible desmejoramiento físico de Page, Led Zeppelin sigueron la misma tónica brillante en sus dos shows en Knebworth y aunque gran parte de la prensa, subida al carro del punk y la new wave, acusó a la banda de estar en horas bajas, los cerca de 300.000 espectadores que tuvieron la suerte de verles no pensaron lo mismo. Las dos noches del festival ayudaron a la banda a batir un nuevo récord: el de mejor pagados de la historia (un millón de libras por los dos shows) y cuando In Through the Out Door salió a la venta el 15 de agosto se quedó siete semanas consecutivas en el primer puesto de las listas, arrastrando consigo además a todos sus discos anteriores, que se colaron en distintas posiciones del top 200. A pesar de los rumores y en contra de las adversas circunstancias, Led Zeppelin habían vuelto.

Aun así, Plant todavía no se encontraba preparado anímicamente para volver a Estados Unidos, con lo que la banda optó por recuperar el ritmo de directo poco a poco y en junio de 1980 se embarcaron en una pequeña gira europea de 14 fechas por recintos de mediano aforo en la que parecían querer recuperar el espíritu de sus inicios. Abriendo los conciertos con el clásico de Johnny Burnette “Train Kept-A-Rollin’” como en sus primeros tiempos, Led Zeppelin afrontaron el tour despojados de juegos de luces, pantallas, ropajes llamativos y demás parafernalia, dejando que la música fuera la única protagonista. Con los ochenta comenzaba una nueva época en la que el colosalismo dinosáurico y las pretensiones progresivas de las grandes bandas de los setenta habían quedado extinguidos a manos del punk, y pese a que Led Zeppelin habían sobrevivido a la criba decidieron adaptarse a los tiempos apostando por un sonido más crudo y conciso y un aspecto más austero. El repertorio era una versión más corta del interpretado en Copenhague y Knebworth al que se sumaba cada noche “All My Love”, el sentido homenaje de Robert a su hijo perdido.

La adicción de Page le hizo alternar noches brillantes con otras bastante por debajo de su mejor nivel y la banda se vio obligada a cancelar el concierto del 27 de junio en Nuremberg cuando Bonham se desmayó encima de la batería después de tan solo tres temas, pero pese a todo este “Tour Over Europe” terminó con sensaciones positivas entre todos los implicados. El propio batería aseguró que “todo el mundo ha quedado muy contento con cómo ha salido la gira”, lo cual animó a Peter Grant a ponerse manos a la obra para cerrar nuevas fechas. El 11 de septiembre se anunció una gira norteamericana de 19 conciertos que empezaría el 17 de octubre en Montreal, además de planes para tocar en Inglaterra y Estados Unidos en 1981. Todo pertenecía a una campaña ideada por el mánager que, con el nombre “Led Zeppelin: The Eighties”, pretendía que el grupo revalidara su hegemonía en la nueva década.

John Henry Bonham: 1948-1980
John Henry Bonham: 1948-1980

La banda se puso manos a la obra y alquiló los estudios Bray de Berkshire para ensayar de cara a la nueva gira. El 24 de septiembre Rex King, el chófer de John Bonham, recogió al batería en su casa para llevarle a la primera jornada de trabajo. De camino al estudio, Bonzo sugirió que parasen para beber un poco de vodka, algo que siguió haciendo todo el día durante los ensayos y ya entrada la noche cuando los músicos se retiraron a la mansión que Jimmy Page acaba de comprarle al actor Michael Caine en Windsor. Después de unos 40 vodkas el batería acabó perdiendo el conocimiento y el asistente de Page, Rick Hobbs, le acostó en una de las habitaciones. A la tarde siguiente Bonzo aún no se había levantado, con lo que John Paul Jones y Benji LeFevre, el asistente de Plant, decidieron ir a despertarle, sin sospechar que lo que iban a encontrarse en la cama era el cadáver de Bonham, que había perecido durante la noche al ahogarse con su propio vómito.

Ahora sí, la maldición que parecía cebarse con el grupo desde cinco años atrás había asestado el golpe definitivo a Led Zeppelin, que decidieron que no tenía sentido seguir adelante sin su icónico batería y anunciaron su disolución en un comunicado de prensa el 4 de diciembre de 1980. Tras más de una década de reinado había llegado el final de la banda más grande de los setenta, y lo peor es que el último revés llegó cuando el combo parecía haber atisbado la luz al final del túnel tras un lustro marcado por las desdichas. En una entrevista reciente, John Paul Jones explicaba que la muerte de Bonham “ocurrió al principio de un nuevo aliento para la banda, lo cual hizo la tragedia aún mayor. Todos estábamos muy animados. Ocurrió en un momento de optimismo, con lo que el golpe fue muy duro”. Quizá este shock explique por qué ninguno de los tres miembros restantes consiguió siquiera acercarse al nivel demostrado en Led Zeppelin con sus trabajos posteriores al fin de la banda. Robert Plant describió el sentimiento de desconcierto y tristeza tras la separación asegurando que “Fue como alejarse de una gran explosión con los oídos pitando. Me encontré a mí mismo de pie en una esquina, aferrándome a doce años de mi vida con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos y sin saber a dónde ir. El sueño se había acabado y todo había desaparecido.”

Al hablar de los grandes momentos de Led Zeppelin en directo solemos centrarnos en sus salvajes primeros tiempos como deconstructores del blues en clave de hard rock frenético, en sus maratonianos conciertos de principios de los setenta o en su aura de intocables reyes del arena rock en las colosales giras de 1973 o 1975. Su última época, sin embargo, suele pasar bastante desapercibida y es por eso que hemos decidido rescatar este concierto en el Falkoner de Copenhague el 24 de julio de 1979, que muestra a unos Led Zeppelin despojados de muchos de sus excesos de los años anteriores para presentarse como una infatigable locomotora de rock and roll incendiario, complejo y de una gran belleza. La fragilidad de Robert Plant es reveladora, mientras que es un placer escuchar a Jimmy Page recorrer el mástil de arriba a abajo como un frenético demonio. El bajo de John Paul Jones supone una suerte de ancla que evita que todo se desmorone y sus texturas de piano y mellotron proporcionan algunos pasajes de sublime lirismo. John Bonham, por su parte, toca la batería de una manera simplemente sobrehumana, aportando un peso y una contundencia mastodónticos al sonido de la banda que jamás ha podido ser replicado en los años posteriores. Da igual la época o las circunstancias personales, ninguna banda ha sonado jamás tan poderosa sobre un escenario como Led Zeppelin al acometer “Kashmir”. Esta grabación registrada desde el público y con una gran calidad de sonido pese a un par de cortes abre un revelador pasaje a un momento clave en la historia de Led Zeppelin, en el que la banda más grande de su tiempo afrontaba un nuevo comienzo sin sospechar que realmente estaban en la antesala de su fin.


Fuente: https://shakinstreetblog.wordpress.com/2014/08/05/bootleg-led-zeppelin-teatro-falkoner-copenhague-24071979/

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