La mítica banda británica de hard rock edita ‘inFinite’, un disco que presentará en el BEC el próximo 30 de junio, en la que puede ser su última gira

Un reportaje de Andrés Portero – Domingo, 16 de Abril de 2017 – Actualizado a las 06:04h

el juego de palabras de su último disco y el nombre de su gira internacional de 2017 está dando mucho juego entre los seguidores de Deep Purple, mítica banda que ha dejado para la historia algunas de las cumbres del hard rock, con Made in Japan e In rock a la cabeza. Medio siglo después de su formación y a expensas de su decisión final sobre su continuidad, sus fans disfrutarán con inFinite (earMusic), un buen disco fiel a su sonido clásico que incorpora algunas novedades y que los británicos presentarán el 30 de junio en el BEC de Barakaldo.

¿Lo dejan? ¿Esta será su última gira? ¡Quién sabe! Otros veteranos del hard rock clásico, caso de Judas Priest o Scorpions, anunciaron su disolución hace tiempo y ahí siguen ofreciendo conciertos, justificándose en la petición de sus seguidores. En el caso de Deep Purple, están jugando con el misterio que proyectan tanto el juego de palabras de su último disco, inFinite, como el de su gira internacional, denominada Long Goodbye Tour.

¿La gira del largo adiós? Ni siquiera Ian Gillan, su cantante, lo aclara cuando ha hablado sobre ella y el título del CD. Más bien, al contrario, la ha liado más. “Si se toma literalmente, se puede pensar que la parte finita describe la vida del grupo con un principio claro y un final nebuloso”, se arranca Gillan, para después elucubrar con las ideas del universo de Stephen Hawking, asegurar que “el universo es infinito y que, por lo tanto, no existimos”, y rematar explicando que “hay una solución metafísica, pero tendrá que esperar hasta el fin de la gira… Ya hablaremos de esto más adelante”. Se supone que en dos años, a su finalización.

Lo único tangible es su nuevo disco, editado esta semana. inFinite es el vigésimo disco de estudio de los Purple, el grupo clave en el asentamiento del hard rock y de la eclosión del heavy metal, junto a Black Sabbath y Led Zeppelin, en el tránsito de los 60 a los 70. La historia les avala gracias a discos claves como In rock, Machine head o el directo Made in Japan, y su repertorio de 2017 resiste con orgullo a pesar de que algunos de sus músicos claves hace tiempo que dijeron agur, como el guitarrista Ritchie Blackmore para formar Rainbow y el teclista John Lord, que tiempo antes había abandonado la formación antes de morir en 2012.

En el último año, los Purple se han movido progresivamente hacia nuevas áreas ajenas al rock duro, atrayendo el interés de nuevos fans

Clasicismo inFinite, no nos engañemos, está lejos de las obras maestras del grupo aunque mantiene el nivel aceptable (tirando a alto en calidad y emotividad) en una banda con medio siglo de vida. Y, como no podía ser de otra forma, se asienta en un estilo personal y clasicista, labrado canción a canción, disco a disco y año a año, liderado por un Gillan que, sin llegar a los agudos de la juventud, canta pletórico y sobrio, especialmente en cortes como Hip boots, un magnífico blues a lo Led Zeppelin, y The surprising, otra de las gemas del álbum, balada de aires morunos, arpegio inicial a lo Metallica (¿Nothing else matters?) y múltiples cambios de ritmo.

Melódico y accesible suena el medio tiempo All I got is you, con su teclado progresivo, y rockistas One night in Vegas (narra una noche etílica que acabó en boda hace 30 años) y la comercial Johnny’s band, que descansa sobre el bajo de Roger Glover y guarda un fuerte componente autobiográfico al narrar la ascensión a la cima de un grupo de rock. En el otro extremo de la balanza y con un extraño recitado final, aparece la floja On the top of the world.

La intro a modo de salmo/rezo de Time for Bedlam, clásica, hard rockera y excelsa, la fresca versión del Roadhouse blues de The Doors, con vibrante armónica de Gillan, y la oscura y pesada aunque dotada de un curioso ritmo reggae Get me outta here, elevan al notable un disco en el que las voces aparecen filtradas a veces y, casi siempre, con magníficos duelos (a veces con los instrumentos doblados) de las guitarras de Steve Morse y los teclados de Don Airey.

El disco incluye alusiones a “la locura política”, la tentación, la guerra, el éxito y versos ligados a la resistencia: “Crees que me voy a ahogar, pero te equivocas… nunca abandonaré”; “me vas a decir que no hay salida, tengo que decirte que me siento fuerte”; y “no hay noticias de Dios, fallaremos y volveremos a levantarnos hasta que muramos, hasta el final de los tiempos”.

A la espera de su cita en el BEC (entradas a 57 euros), se puede disfrutar también de un documental en DVD sobre la grabación del álbum, incluido en su edición de lujo.


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