Artículo aparecido en libro: “AU” de Editorial Fundamentos en 1974.
Este libro es muy difícil de encontrar. Contiene una serie de artículos muy interesantes y sería una lástima que muchos seguidores de Dylan no tuvieran
acceso a ellos.
(Pachi Becerril)
La noticia apareció en los periódicos no hace mucho: Bob Dvlan vuelve a cantar. Después de un largo silencio se decide a emprender de nuevo el contacto con el público. Desde Julio de 1966 en que un accidente de moto le apartó, forzosamente, de las giras, las actuaciones diarias la agitación del mundo del Show business, Dvlan ha aparecido en público sólo en tres ocasiones: en un homenaje colectivo de los cantantes «‘folk» a su maestro, Woody Guthrie, en el festival multitudinario de la isla de Wight en el que fue la máxima atracción, y en el concierto del Madison Square Garden de Nueva York organizado por George Harrison y Ravi Shankar a beneficio de Bangla Desh.

El veterano Pete-Seeger era el portavoz más característico de este movimiento que la juventud universitaria americana hizo suyo y que, con algún retraso llegó a los jóvenes del resto del mundo. Era entonces, cuando algunos empezábamos a traducir al catalán las canciones más conocidas de este «folk» que llegaba de Estados Unidos. Y fue a través de los discos de Joan Baez y Peter, Paul and Mary como conocimos las primeras canciones del desconocido Dylan, tales como «A hard rain’s gonna fall», «Dont trinck twica ¡t’s all right» y. la famosa «Blowin’ in the wind».
Sin embargo, al oír los primeros compases de un disco del propio Dylan, uno se daba cuenta en seguida que aquello era otra cosa. Su voz, nasal y desagradable no se parecía en nada a la vocalización de cantante de ópera que exhibía Joan Baez. Su tono irónico y agresivo no tenía nada que ver con el tono paternal y comprensivo de un Pete Segeer. Sus canciones no eran viejos temas de folklore, sino canciones del siglo XX.
Las letras no se limitaban a expresar la protesta o el inconformismo, sino que poseían una fuerza poética impresionante y, detrás de los textos, una música a base de los instrumentos tradicionales del «folk», la guitarra y la armónica, utilizadas, sin embargo, de un modo muy personal. El estilo de la armónica de Dylan era especialmente original: tan pronto la soplaba con rabia simulando una sirena, como la hacía sonar dulce y profunda como un órgano.
El estilo musical de Dylan conectaba con la mejor tradición del «blues» y del «folk-blues», que había aprendido directamente de sus creadores, a través de muchos viajes en auto-stop por los estados unidos de los 40 con una guitarra bajo el brazo dando su versión de aquel mundo de huelgas mineras, desigualdades sociales y violencia.
La gran admiración de Dylan por Guthrie impregna toda su patética de la actitud del vagabundo y el marginado que contemplan la injusticia y el absurdo en el mundo, como un espectáculo apocalíptico.
Por otra parte, además de conectar con la mejor tradición, Dylan aportó al «folk» la actitud y la visión de la generación «beat» frente al mundo. Instalado en Nueva York desde 1961, se puso en contacto con toda la generación de poetas, escritores y artistas que, encabezados por Ginsberg y Kerouac, habían provocado, en los 50, una revolución en la literatura americana.
Rechazando el «american Way of life» y el papel de intelectuales, con una fuerte dosis de anarquismo y de nihilismo, herederos del vitalismo de Whitman, interesados por la filosofía oriental, fumadores de marihuana, los poetas «beatnik» ejercieron una gran influencia en la nueva música «pop» americana. Y era en el Greenwich Village neoyorkino por donde Dylan se paseaba en sus primeros años de músico, donde se encubaba este espíritu revolucionario. Y el joven campesino de Minessota pasó de las toscas baladas del Medio Oeste a letras mucho más ambiciosas poéticamente, utilizando métrica libre y la acumulación de imágenes propias de los poetas «beat».
Reuniendo estas influencias y pasándolas a través de su fuerte responsabilidad, Dylan se convirtió enseguida en el más creativo y original cantante de «folk». En los discos de su primera etapa, que contienen canciones de protesta (Blowin’in the wind, Masters of war). proféticas (A hard rain is gonna fall, The times they are a-changin). canciones de amor, tiernas y a la vez irónicas (Girl of the North Country, Boots of Spanish leather) y también temas surrealistas (I shall be free, Motorpschyco Nightmare), Dylan desplegó una visión personal del «folk». En el año 1963, convertido ya en ídolo de la juventud universitaria, Pete Seeger le definía así: «Este chico será el mejor cantante de «folk», si no explota antes.»
EL «ROCK» SUBVERSIVO: LA APORTACION DE DYLAN A LA MUSI CA «POP».
En el verano de 1965 apareció en España el primer disco de Dylan: un «single» que contenía Gates of Eden y Like a rolling stone. Mientras que la primera era una canción interpretada con armónica y guitarra al estilo clásico, en la segunda aparecía la nueva faceta del cantante: le acompañaba un grupo de «rock», con guitarras eléctricas Y baterías. En la misma época nos llega la noticia del escándalo provocado por la actuación del nuevo Dylan electrificado en el festival de Newport, reunión anual de los aficionados al «folk». Los fans del Dylan-folk se quedaron petrificados viendo aparecer a su ídolo con una guitarra eléctrica, símbolo de la odiada música «rock» o Cuando empezaba a tocar con el grupo que le acompañaba (en el que había tan buenos músicos como el guitarrista Mike Bloomfield Y el organista Al Kooper) se levantó un murmullo de desaprobación, hasta que el público estalló en protestas Y silbidos. «Vete al Ed Sullivan Show» (una especie de «Gran Ocasión» de la TV americana) gritaban sus fans decepcionados. Los hijos privilegiados de la inteligencia americana, los «puros» que habían aplaudido cuando Dylan cantaba que «los tiempos estaban cambiando» dirigiéndose, principalmente, a sus padres, no querían comprender que eran ellos los que ahora se habían quedado atrás: «habían aprendido demasiado bien el papel de alumnos y esperaban que el profesor les cantase una vez más lo que ya sabían» (cito el libro de Jesús Ordovás). Dylan tuvo que terminar a media actuación: cantó Its all over now, baby blue, todo se ha acabado y marchó, diciendo adiós para siempre al «folk».
El cambio se había gestado tiempo atrás. Dylan habla ido separándose, poco a poco y no sin dudas, de la canción protesta. Su individualismo rechazaba las ortodoxias de los movimientos políticos tradicionales, y se negaba a dejarse encasillar en el papel de líder y a contraer obligaciones de fidelidad. Hay que decir que durante su período de cantante comprometido obró con una consecuencia y valentía inatacable, tanto es así que el año 1963 le fue concedido el premio «Tom Paine» por su trabajo en pro de los derechos civiles.
Pero ya en esta ocasión, en el mensaje de agradecimiento dirigido al Comité que se lo otorgó, se insinuaba su despedida: “…en mi vida paso por muchos estados de ánimo. Hago lo que creo que debo hacer, según donde esté, mi estado de ánimo cambia. Necesito cambiar, por razones que desconozco. Estoy cansado y hambriento. Puede ser que sea un miserable, pero no es agradable oír decir a alguien que no conoces: «eso es lo que él quería decir», sobre alguna cosa que tú has dicho. Porque nadie puede decir qué es lo que yo quiero decir, absolutamente nadie. Muchas veces no lo sé ni yo mismo…” (cita del libro de Jesús Ordovás).
En el año 1964 en el transcurso de una gira por Inglaterra con Joan Baez, se puso en contacto con la nueva música que estaban creando grupos como los Beatles, los Rolling Stones, los Who, etc. Unos meses más tarde se producía la triunfal gira de los Beatles por los Estados Unidos y el grupo británico colocaba 7 de sus canciones entre las 10 mejores del «hit parade». Mientras que los puros del «folk» sonreían escépticamente ante lo que creían una moda pasajera, Dylan se dio cuenta de que aquella música aparentemente intrascendente llevaba el germen de una auténtica revolución.
Y así, a principios del año 1965, se decidió y comenzó a trabajar con una serie de músicos que creaban la nueva música a partir del «blues y del rock’n roll». En efecto, en Nueva York grupos como los «Fugs» o «Velvet Underground», en Los Angeles los «Mother of Invention» y los «Doors» y en San Francisco los «Jefferson Airplane» y los «Mamas and the Papas», etc., estaban trabajando en el sendero que habían abierto los grupos ingleses. Y junto con esta nueva música aparecía una nueva actitud de la juventud y de la izquierda intelectual, basada en la explosión del cerebralismo racionalista y la adopción del vitalismo, propio de las filosofías orientales, la experiencia psicodélica, la utopía como proposición política y el intento de cambiar las formas de vida, de relación y de cultura, a la vez que se creaba una alternativa a la sociedad americana de consumo. Una nueva cultura se estaba desarrollando, ligada estrechamente a la nueva música.
Los discos «Bringing it all back home», «Highway 61 revisited» y «Blonde on blonde” son la aportación de Dylan a la nueva música «pop». Y lo más decisivo de esta aportación es, sin despreciar el interés de la agresiva música «rock», la incorporación de la creación poética de los textos.
Los textos de las canciones pop eran en general simples y poco interesantes de por sí (aunque no exentos de belleza en muchos casos). Dylan les incorporó toda su fecundidad poética y es precisamente en esta etapa cuando se acentúa el carácter surrealista de los mismos, las canciones «rock» de Dylan eran larguísimas acumulaciones de imágenes que en su irrealidad reflejaban una experiencia personal de la realidad.
En Maggie’s farm, Tombstone blues o Desolation row, aparece un mundo irreal y absurdo, en el que se mezclan personajes reales e imaginarios, históricos y actuales.
Las canciones de amor como She belongs to me o Sad eyed lady of the lowlands alcanzan un lirismo insuperable. En otras se refiere concretamente a la realidad, como a Like a rolling stone, en la que pinta una señorita de la clase alta o Ballad for a thin man, sátira sobre el americano medio comparable a L’home del carrer de nuestro Pi de la Serra. O bien relata el mundo de los sueños en canciones como Mister Tambourine man.
En verano de 1966 Europa tiene ocasión de conocer en vivo al nuevo Dylan. Sus actuaciones en Londres y en París son una experiencia inolvidable para los que pudieron asistir. Junto con sus músicos producía un espectáculo total, un circo en el que la agresividad de la música, las imágenes surrealistas de los textos y la actitud escénica de Dylan, convertido en un «Clown» representaban la tragicomedia del mundo del siglo XX. En esta época llegó al cénit de su popularidad, y, convertido en millonario vivía una existencia agotadora y autonihilizante, en la que al igual que los dadaistas franceses de principios de siglo, intentaba poner en práctica en su vida los postulados de su arte, provocando constantemente situaciones de absurdo, contestando agresivamente a los entrevistadores, malgastando el dinero y transformando los actos de su vida en representaciones teatrales en las que procuraba contrariar y subvertir todos los valores. La vida de Dylan se aceleraba en una espiral sin fin, que parecía iba a acabar con él, mientras que su popularidad crecía y sus discos se vendían por todo el mundo, y nosotros teníamos que continuar viajando a Perpignan para poderlos comprar.
EN BUSCA DE LAS RAICES: EL «COUNTRY».
El 30 de Julio de 1966 las emisoras de radio norteamericanas interrumpían sus programas para anunciar que Bob Dylan había sufrido un accidente de moto y se encontraba en un hospital en estado de coma. Para sus fans esto representó el cataclismo final, el drama de un nuevo James Dean. En Inglaterra empezaban a prepararse para la venta de sus «posters» con la leyenda: «In memorian».
Después de un breve período de amnesia y de parálisis y de una larga convalecencia resurgió. Pero Dylan recién nacido no era el mismo. El período loco había terminado y su vida, su música entraba en una nueva etapa caracterizada por la búsqueda da un equilibrio físico y mental.
Reflexionando sobre su actitud decidió que no podía ir más lejos por el camino de la subversión total de los valores. Y empezó a buscar un punto de partida para empezar a construir. En su casa de Woodstock, rodeado de su familia y de los músicos del grupo «the band» investigaba las raíces de la música americana. De este modo, el año en que triunfaba en todo el mundo el «rock», lo psicodélico, y la nueva música, el año del Sargent Peppers de los Beatles y del festival de Monterrey. el precursor de la nueva música avanzaba por caminos totalmente distintos y, a veces, opuestos.
La música «country» o «country and western» relacionado con la colonización del «oeste», se había desarrollado sobre todo en el Sur, y su representante máximo era Johnny Cash, un hombre de derechas, una especie de John Wayne de la música que apoyó activamente a Nixon en su campaña electoral contra Mc Carthy. Sobre este ambiguo punto de partida empezaron a crear Dylan y sus músicos.
El primer resultado fue el disco John Wesley Harding, que por fin apareció en España al mismo tiempo que en el resto del mundo. Este disco representaba una transición y en él Dylan explicaba sus dudas personales mediante una evocación del mundo de la época de la colocación; apareciendo así la figura de John Wesley Harding, un bandolero generoso que robaba a los ricos para darlo a los pobres. Alegorías bíblicas y personajes legendarios se nos presentaba de la mano de una música extremadamente sencilla y relajada, a base de guitarra acústica, bajo y batería, una de las más bellas y conseguidas de Dylan.
El propio disco, aparecido en 1968 estaba ya claramente dentro de esta etapa. El Dylan que aparecía en la portada saludándonos sonriente, era una auténtica declaración de principios, era una sonrisa son ironía, amable.
Su voz había cambiado, y, dejando la agresividad nasal resultaba cálida y nos llegaba grabada en registro grave.
La música era «country» a base de guitarras acústicas y «Slide-guitars», piano, bajo de batería. Los textos, temas de amor en los que explicaba la armonía de su vida privada. Abría el disco la antigua Girl of the North country, en una nueva versión en la que aparecía, la lado de su voz, la de Johnny Cash que lo visitó en los estudios mientras lo estaba grabando. Dylan había conseguido un disco de una belleza formal abriendo la puerta a un nuevo estilo, el llamado «Estilo nashville» que siguieron después de él muchos otros músicos, buscando como él el equilibrio y la paz. o buscando los «royalties» ya que el estilo «acústico» se convirtió en los 70 en la nueva música de consumo.
El nuevo disco desencadenó críticas y desencantos entre muchos de sus partidarios. En la universidad libre de Nueva York se creó la cátedra de dylanología. y el profesor A.J. Webermann reclamaba de Dylan la fidelidad a su público y la vuelta al compromiso. Según él. las canciones habían dejado de pertenecer personalmente y eran propiedad de toda una generación. Dylan, sin embargo, continuaba reivindicando su derecho a seguir el camino que le pareciera. El álbum siguiente «Self Portrait» era una nueva afirmación personal. En él aparecía, a modo de autobiografía. una recopilación de canciones muy diversas qua recorrían todas sus épocas y estilos. Al lado de canciones de protesta cantaba standards americanos como Blue moon y utilizaba orquestas de cuerda y coros. Se quería definir como músico y sólo como músico. Y realmente conseguía convencernos de que sabía cantar el Blue moon mejor que Frenk Sinatra, pero no conseguía convencernos de que sólo pretendiera eso. Detrás de la aparente sencillez, había una actitud compleja y elaborada. Bajo la capa de frialdad y aislamiento, Dylan dudaba, sondeaba, pero sus vacilaciones no impedían que nos hiciera disfrutar escuchando sus nuevas canciones y que nos comunicara y nos hiciera vibrar con la felicidad y belleza que expresaban canciones como Lay Lady Lay. En 1970 abandonó la vida campestre y se instaló de nuevo en Nueva York, editando a continuación un nuevo disco que volvía a la fuerza del rock de sus mejores tiempos.
El álbum «New Morning» era una obra maestra llena de poesía, vitalidad y nuevo interés por las cosas. Dylan continuaba sorprendiendo, continuaba cambiando. En 1971, cuando todo el mundo creía que había abandonado para siempre la canción de denuncia social, publicó el single George Jackon, en el que se refería al asesinato del joven militante negro, amigo de Angela Davis, perpetrado por los guardias de la cárcel simulando una huída. En el mismo año aparecía en el festival pro Bangla Desh cantando canciones de la primera época, entre ellas Blowin´in the wind. Y en el 74, después de un largo silencio discográfico se reúne de nuevo con «the band» y reemprende las actuaciones realizando una gíra por los Estados Unidos y anunciando otra por Europa.
¿Estamos ante una nueva etapa? ¿Es la soledad y el aislamiento lo que le ha llevado de nuevo a las actuaciones? ¿Le queda alguna cosa por decirnos el viejo profeta? Haga lo que haga a partir de ahora nos queda su obra anterior editada ahora en España casi en su totalidad, como una aportación importantísima a la música y la cultura del siglo XX. Dylan ha sido el músico más representativo de una generación, lo quiera o no aceptar. Si en alguna etapas se ha alejado de su público, éste no ha perdido nunca la confianza en él. La generación de sus seguidores ya no es tan joven. La gran ola revolucionaria de los 60 ha pasado. ¿Nos acompañará en el nuevo salto hacia adelante? ¿Tendrá algo que decir a la generación de los más jóvenes? En cualquier caso, somos muchos los que todavía creemos en él, los que todavía le necesitamos.
ALBERT BATISTE
Artículo extraído de ORIFLAMA, n.º 138.- Feb. 74.
Por la traducción del catalán M. Cruz de Prado y Domingo Jaumandreu.